“Tengo 30 años y tenía una relación muy linda. Mi novio y yo éramos la pareja perfecta, hasta que me embaracé. Cuando le dije de mi estado respondió: pues no sé qué vas a hacer tú. Yo me cuidé con condón y tú no te cuidas con pastillas. Entonces, es problema tuyo, no mío”, me platica Nancy, una mujer profesionista, independiente y que vive sola.

“Hace una semana y media me enteré de mi embarazo porque tenía un retraso de una semana y yo soy muy puntual en mi periodo. Así que decidí hacerme una prueba casera y ¡oh sorpresa! salió positiva. Lo primero que pasó por mi mente fue: ¿y ahora? A decir verdad, nunca me he visualizado como mamá. No está dentro de mis planes y ni siquiera dentro de mis ideales. Los niños son maravillosos, lo sé, pero hasta para ser mamá debes de ‘tener madera’”, dice Nancy.

“Lo siguiente que hice fue decirle a mi novio. Seguro me va a ayudar a pensar qué hacer. Pero ahí vino la segunda sorpresa: Es tu problema, no el mío. Su respuesta me dejó fría, atónita, decepcionada y con más miedo que al principio. No sabía qué hacer o a quién acercarme”, comenta.

“Terminé por llamarle a Jess, una amiga de mi trabajo. No sé por qué, si ella tiene hijos, pero terminé llamándole. Estuve a punto de colgar mientras esperaba que me contestara, porque pensé que iba a intentar convencerme de tenerlo; pero no fue así y, para mi sorpresa, después de contarle todo (que estaba embarazada y que mi ‘fantástico’ y ‘fabuloso’ novio me había dicho que era mi problema), lo que me dijo fue: ¿qué es lo que tú quieres hacer? Esa pregunta me hizo pensar mucho más de lo que imaginé y le confesé que no quería tenerlo”, reflexiona Nancy, quien es hija de padres divorciados, pero que tiene una excelente relación con ambos.

“Después de responderle eso a Jess, me dijo: entonces tienes que ir con tu ginecólogo y decirle. ¡Imposible!, le dije, puesto que mi ginecóloga es muy amiga de mi mamá y de la familia desde hace años. Jess entonces se quedó pensativa y me respondió: tienes que asistir a una clínica en la que te practiquen una interrupción legal del embarazo. Cuando me dijo eso, sólo pensé pero… ¡no conozco ninguna!. Y como si Jess me hubiera leído la mente, dijo: yo conozco una porque una amiga escribe para ellos. Si quieres le pregunto referencias y te cuento. Inmediatamente acepté el trato”.

“Al paso de las horas se comunicó a la línea de Marie Stopes, y desde esa llamada para sacar la cita, sentí confianza. Nunca tuvieron un tono para juzgarme o de hartazgo. Más bien era una voz amable. Saqué cita, y fui al día siguiente. Le pedí a Jess que me acompañara”, dice Nancy, quien trabaja desde los 18 años y disfruta mucho de los museos, el arte y la música.

“Al día siguiente acudí a mi cita acompañada de mi amiga. Desde que entré, sentí seguridad. Iba un poco nerviosa. Me pasaron con la doctora, quien me hizo preguntas de rutina: ¿enfermedades?, ¿bebe alcohol?, ¿usa drogas?, ¿embarazos previos?, ¿toma algún medicamentos? Todo negativo”.

Enseguida, la doctora le hizo un ultrasonido vaginal y dijo: “6 semanas, dos días”. Nancy quedó estupefacta. No podía creer que tuvieran “tanto tiempo”. Sin embargo, la doctora le la tranquilizó y dijo que no era así, que su procedimiento podría ser muy seguro con el uso de pastillas.

“Después de esto, me preguntó si venía sola o con alguien. Le dije que con una amiga. Jess pasó al consultorio y allí nos explicó cómo era el procedimiento. La doctora me explicó que sentiría dolor y tendría sangrado. Enseguida, me dieron los medicamentos que tenía que tomar, uno lo tome ahí, el otro 36 horas después”, comenta Nancy.

“Salimos de la consulta y Jess y su familia me invitaron a pasar el resto de la tarde con ellos, para no estar sola. Yo seguía sin poder creer que mi novio no estaba a mi lado. Ni un mensaje, ni una llamada, ni siquiera para saber qué había hecho o cómo estaba. Le mandé un mensaje que decía: ‘me hice un aborto, Jess me acompañó, tenemos que hablar tú y yo mañana. Nos vemos a las 12 en mi casa’. No obtuve ninguna respuesta, lamenta Nancy.

“Después de estar en la casa de Jess toda la tarde, me fui a mi depa. Tenía un sinnúmero de sentimientos encontrados. No podía creer que ‘mi novio’ siguiera sin dar señales de vida. Y eso reforzó mi idea: tomé la mejor decisión. Me dormí y en la mañana había un mensaje del novio: ‘espero que estés bien. Estoy medio ‘pedo’. Nos vemos mañana’”, comenta triste Nancy.

“Al día siguiente llegó a mi casa, antes de lo esperado. Todo lo que le quería, había desaparecido en un segundo. Me había decepcionado, me había hecho sentir culpable, me había hecho sentir sola y me había hecho sentir sin apoyo alguno. Le dije que, después de lo sucedido, eso no podía seguir. Él me dijo que había sentido miedo y que por eso había actuado así. Lo que él nunca se dio cuenta es que yo sentí más miedo que él y me dejó completamente sola. Todo terminó, y es irónico pensarlo porque dos días antes éramos “‘la pareja más feliz del mundo’”, dice Nancy, quien sigue con su trabajo, tiene una trayectoria impecable, disfruta también del teatro y tiene amigos que la quieren, la apoyan y le dan fuerzas para seguir viviendo su vida.

Con información de Guadalupe Camacho, académica y periodista mexicana

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