Hace unas semanas fui de vacaciones a la playa. Mi familia y yo nos hospedamos en un hotel de gran turismo donde se reciben visitantes de diversas naciones. Mamás canadienses, estadounidenses, japonesas, colombianas y, por supuesto, mexicanas eran las más numerosas. Las podías ver en los chapoteaderos, en la fila del bufete infantil, en la playa construyendo castillos de arena, en los baños limpiado la sangre de las heridas leves y, claro, cambiando los pañales, la ropa sucia, el traje de baño y secando a los niños con inmensas toallas.

Las veías como hormigas: subían y bajaban con sus hijos en brazos o de la mano, también en la carriola y algunas más los llevaban en los hombros. ¿Y los padres? sí, algunos se hacían cargo de ciertos “detalles” para con sus hijos: partirles el trozo de carne en el plato durante las comidas, o jugar con ellos a la pelota. Sin embargo, la mayoría de las atenciones, cuidados y mimos los proporcionaban las mamás sin importar su nacionalidad.

¿Y entonces? ¿cuándo van a participar activamente los varones en la crianza de sus hijos? ¿Cuándo habrá corresponsabilidad en la pareja? La respuesta es harto sencilla: cuando las mujeres así lo pidamos-exijamos. Porque por el simple hecho de ser padre, los varones no se acercan a ayudar a su hijo, le tienes que decir tú como mujer lo que tiene que hacer.

Recuerdo el caso de una mamá que atravesó —corriendo y muy ansiosa— toda la alberca al escuchar el llanto de su hijo, que había sido picado por una abeja en la planta del pie. El pequeño lloraba terriblemente y todos, todos —en esa zona del hotel— nos dimos cuenta de lo sucedido. Y ¿qué creen? Se acercaron cinco mamás a tratar de ayudarlo, ningún varón, salvo el médico de primeros auxilios que fue notificado de la situación.

Con la mirada busqué al papá del niño, y estaba sentado bajo la sobra de una palapa, viendo la situación… a la distancia. En sus manos traía una cerveza. Y nunca se acercó a su familia, ni para hacer “bola”. Al paso de unos 10 minutos, la familia se reunió y el papá le dio unas “palmaditas” en la espalda al nene y ¡listo!

A la hora de la comida, nos sentaron en una mesa al lado de la familia del niño picado por la abeja. Pude notar que la mamá aún no consolaba: “poco a poco desaparecerá el dolor, te lo prometo”, le decía con el rostro tranquilo. El niño, de unos 8 años, la abrazó y su mamá lo cargó, él entrelazó sus piernas  hacia su espalda y la “atrapó”, le dijo: “gracias mami, te amo”.

La mamá se paró y con su hijo entre los brazos, bailó una melodía que tocaban al fondo. Ella lo beso en las mejillas y cuando eché una mirada al papá, él estaba muy clavado revisando su teléfono móvil.

Este es uno de los varios ejemplos que vi durante mis vacaciones, pero la situación también ocurre en los parques, en los restaurantes, en los hospitales, en los patios escolares y en todos aquellos entornos donde las mamás están siempre presentes…y los papás ausentes.

Yo creo, que los varones —que no saben criar a sus hijos porque sabemos que trabajar para ganar dinero nada tiene que ver con la crianza— se pierden de todo el amor que un hijo puede dar. Si no quieren ni están interesados en temas de crianza ni de paternidad activa, pónganse un condón o háganse la vasectomía que la paternidad no es un juego, es para toda la vida.

Con información de Guadalupe Camacho, periodista y académica mexicana

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