La periodista Guadalupe Camacho nos comparte las experiencias que ha presenciado, a lo largo de su vida, sobre la violencia sexual. En Marie Stopes, a través de nuestro Programa Educativo impartimos talleres y pláticas sobre educación sexual, para prevenir la violencia sexual y de género, si lo deseas, puedes solicitar que llevemos una plática totalmente gratuita a tu escuela o empresa escribiendo un correo a educacion@mariestopes.org.mx

Cuando era niña, en mi casa había siempre dos periódicos: La Prensa y El Excélsior; mis padres me daban las historietas del segundo, la sección de deportes, espectáculos y cultura. Sin embargo, muchas veces les robaba La Prensa y leía los encabezados.

Recuerdo que un domingo leí la noticia de una mujer violada y en la foto estaba ella despeinada, con la ropa rota y con tierra en su rostro y piernas. Cuando le pregunté a mis padres qué era la violación, me explicaron que le habían golpeado el cuerpo y dañado sus partes privadas.

“Pero ¿por qué le hicieron eso?” la respuesta de mi padre y de uno de sus hermanos que estaba en mi casa fue: “Ella se lo buscó porque seguramente traía minifalda y andaba de noche sin sus papás”.

Entonces yo creí esa idea, que las violaciones ocurrían de noche, cuando traías minifalda y salías sin tus padres. Sin embargo, cuando tenía unos ocho años leí otra publicación en la que hacían una crónica de la violación de una abuela (tenía 50 años, pero parecía de 70), entonces le volví a preguntar a mi papá y él respondió: “Seguramente el violador estaba borracho y no vio lo que hizo”.

Al paso de los años, me di cuenta que mis padres y otros familiares no siempre parecían tener la razón. Mis maestros no compartían sus ideas que daban como verdaderas. Recuerdo que un día, en el Consejo Nacional de la Población (donde yo hacía mi servicio social por la UNAM, donde estudié comunicación) fue un señor a dar una plática de violencia de género; comentó que la violación no era un asunto de placer sexual sino de poder para con el otro.

Después, en la Universidad Autónoma Metropolitana (estudiaba la licenciatura de sociología) hicimos un trabajo respecto de la violencia sexual en el Distrito Federal (hoy Ciudad de México) y cuando entrevisté a varios expertos me di cuenta que ultrajaban a bebés, niños, señoras, señores, abuelos, monjas, personas con capacidades diferentes, y una larga lista.

Las cifras, de hace 25 años, eran aberrantes. Hoy no han cambiado y siguen violando a mexicanos de todas las edades tanto hombres como mujeres. Hoy leo y escucho noticias en las redes sociales muy semejantes a las que leía durante mi infancia. En verdad creo que no ha cambiado para nada el abuso sexual que se vive en México, salvo que hoy la noticia llega más rápido sin importar dónde se genere.

Hoy también, al igual que hace 30 años, un número importante de personas cree que el ultraje sexual ocurre porque la víctima se “lo buscó”, por andar de coqueta, de calienta truzas…por andar en la calle, sin la compañía de un hombre, por salir en la noche, por emborracharse (ya quisiera ver que a todos aquellos varones que se les pasan las copas los fines de semana los terminen violando, por supuesto que no, ¿verdad?), por vestirse con poca ropa o con mucha.

Cuando escucho la palabra violación pienso en muchas personas: en la señorita que vi publicada hace 30 años en el periódico, pienso en el hijo de una vecina que fue ultrajado por un adolescente “amigo” de su familia, pienso en la señora que fue a levantar una denuncia en la delegación Iztapalapa, cuando yo estaba allí porque habían robado la casa de un novio; pienso en la niña de 10 años que esperaba consulta en el Instituto Nacional de Perinatología ya que había sido abusada por su abuelo y con ocho meses de gestación caminaba en los pasillos porque no podía ni sentarse por que su vientre era más grande que ella. Pienso también en Lucía Pérez, la chica de Mar de la Plata en Argentina que fue violada brutalmente este 12 de octubre de 2016, sí hace apenas unos días y que conmocionó a una nación y al resto del mundo por la forma tan terrible de su muerte.

¿Qué podemos hacer respecto a esto? Mujeres y hombres hablemos de educación sexual, hablemos de la prevención del delito sexual, re-eduquémonos en torno a los prejuicios de la violencia sexual, de la violencia de género. Podemos cambiar nuestro pensamiento en beneficio de todos aquellos que han sido violados y de aquellos que lo serán: cada 18 segundos una mexicana es violentada sexualmente, de acuerdo con la periodista Lydia Cacho.

Con información de la periodista Guadalupe Camacho.

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