Les compartimos una experiencia más de nuestra colaboradora periodista. A través del siguiente sexo – relato, desde Marie Stopes queremos exhortarlas a que se atrevan a hacer cosas que las hagan felices, a quererse, a amar su cuerpo y a explorar todas las posibilidades de placer, recuerden siempre usar condón y un anticonceptivo de largo plazo si es que no están buscando embarazarse.

Por mi trabajo viajo mucho. Subo y bajo de autobuses, taxis y aviones. En uno de esos viajes madrugadores (el avión salía a las 6 de la mañana rumbo a Centroamérica) apenas entré a la aeronave uno de los ayudantes de tripulación -popularmente conocidos como aeromozos- me dijo algo, pero no lo escuché porque tenía los audífonos puestos, sólo observé que me miraba a los ojos (fijamente) y abría y cerraba su boca.

Me quité uno de los audífonos y le dije: “perdón, no te escuché, me repites nuevamente”. Yo creí que me daría indicaciones del vuelo o algo relacionado con la seguridad del avión, de mi lugar o cualquier tema de equipaje.

¡Qué bonito cabello tienes!” me dijo. Yo, algo incrédula, porque no había dormido más que tres horas supuse que estaba soñando, me dije: “Guadalupe, tienes tanto sueño que imaginas a un chico (sí chico de 25 años no más) que te está coqueteando en el avión, un chico lindísimo (de esos que eligen en las compañías aéreas, todo guapo y amable) que te dice que tienes el cabello hermoso (mi cabello es rizado y llama la atención siempre)”. Me detuve un momento para reflexionar, él seguía viéndome, así que le dije: “Gracias”.

Me acomodé en mi lugar y me dispuse a dormir. No le presté mayor atención al incidente. Sin embargo, tras unos 30 minutos de vuelo, alguien tocó mi hombro y me despertó de mi “pestañita”.

Mirándome otra vez a los ojos el chico guapo me dijo: “hay para desayunar huevo o tostadas, ¿qué le gustaría?”. “¿Tostadas?” pregunté sin mayores aspavientos. Él respondió: “En realidad es pan francés” respondió al mismo tiempo que mostraba la punta de su lengua con la que acarició uno de sus labios. Respondí: “pan francés”, después pensé “¿qué onda con este chavo en realidad me está coqueteando'”. ¡No sabe en la que se metió!

El chico guapo (estaba rapado) servía mi desayuno sin quitarme la vista de encima. Entonces me ofreció una bebida: “café, agua o jugo”. “Té”, respondí para sacarlo de su audacia. Él dijo que lo traería de primera clase (yo viajaba en turista). Cuando regresó le dije que los hombres calvos eran muy sexies y él se sonrojó. “Allí tienes el caso de Bruce Willis”, le dije. La experiencia (claro, la mía) hizo el resto, intercambiamos teléfonos y quedamos en vernos por la noche, la noche que tanto arropa a los amantes nuevos.

Pasamos una gran velada en su país. Me mostró la zona nueva de su ciudad. Lo invité al bar de mi hotel (tenía unos cupones de descuento) y pasamos una noche increíble de sexo, y más sexo. Se fue al amanecer.

Ya en el aeropuerto nos vimos otra vez y me prometió ir a México cada que pudiera. Ya han pasado dos años desde ese primer encuentro y estoy encantada con un amante tan joven. Le llevo 15 años y si a él no le importa, menos a mi.

Desde entonces he volteado la mirada hacia los chicos más jóvenes quienes (ahora sí) llaman mi atención y yo a ellos. He tenido otros encuentros con otros chicos a los que les llevo más de 15 años. Y sí han estado bien, pero ¡¡¡mi centroamericano se lleva las palmas!!!!

Los de mi edad creen que busco un marido, un hombre que me mantenga; los hombres cuarentones quieren una pareja de cuerpos perfectos e incluso desean relacionarse con jovencitas que se sorprendan a la menor provocación. ¡No, amigos, yo ya soy gallina vieja!, que hace buen caldo, ¡¡¡por supuesto!!!

Mi grandioso amante, ayudante de tripulación, nunca me ha dicho algo negativo de mi cuerpo. Le vale madre mi cicatriz de la cesárea así como mi sobrepeso, no le importa si visto a la moda o si tengo una historia de amantes anteriores a él. Tampoco quiere casarse conmigo (ni yo con él), ambos sabemos qué somos el uno para el otro.

Él dice que soy el mejor sexo que ha tenido en su vida. Y yo le creo. Así me lo hace sentir y me regala tantos orgasmos, tantas miradas fijas (que siempre me recuerdan el primer encuentro) y tantas alegrías que le han dado un nuevo giro a mi vida sexual.

Este chico me ha permitido enseñarle, mostrarle todo lo que las mujeres queremos que nos hagan en la cama, no tiene prisa, no quiere lucirse ni presume de su poderosa fuerza física (su hobby es ser patinador de velocidad en su país y tiene un cuerpo increíble), tampoco me lleva a lugares caros, me trae regalos de todos los bellos lugares por los que viaja. Él quiere dejarse llevar, no me exige nada, no supone nada, no me limita nada. ¡¡¡Él vuela alto y lo hace en mi cama!!!!

Con información, sabiduría y experiencia de la periodista Guadalupe Camacho.

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