La Campaña 1 en 3 es un movimiento popular para iniciar un nuevo diálogo sobre el aborto y contar nuestras historias en nuestros propios términos. Juntos podemos poner fin a la estigmatización y vergüenza que sufren las mujeres acerca del aborto.

Al compartir nuestras historias, comenzamos a crear una cultura de compasión, empatía y apoyo para acceder a los cuidados médicos básicos.

Si quieres compartir tu historia y ayudar a otras chicas en México, puedes escribirnos a Marie Stopes, o bien mandar un mail a: educacion@mariestopes.org.mx

 

Testimonio 1

Tenía 18 y era el otoño de 2008. Fue durante mi primer semestre en la universidad cuando me enteré de que estaba embarazada. Tenía novio desde hacía alrededor de un año. Estaba usando un anticonceptivo oral pero estoy convencida que, en el verano, cuando cambié de un tipo a otro fue el momento en que concebimos.

Durante toda la escuela secundaria tuve mi visión particular del aborto. Me oponía y pensaba que debían hacerse responsables de sus acciones y tener el bebé. Si no deseas tener uno, entonces tomar las medidas necesarias para no quedar embarazada. Qué ingenua que era.

Por mi posición recta, en un primer momento había decidido no terminar con el embarazo. Luego, se instaló en mi la depresión. ¿Cómo pude haber sido tan estúpida? ¿Qué sería de mi vida, mis sueños? Sentía que no tenía a nadie a quien pedir ayuda. Solo sabía que si les decía a mis padres, se enojarían y se sentirían muy defraudados conmigo. Mi vida estaba arruinada. Estaba tan confundida. No quería tener un hijo, pero debía hacerme responsable de mis acciones. Estaba entre el amor y el apoyo de dos personas, mi hermana más grande y mi novio, que me ayudó a darme cuenta que si me hacía un aborto estaría haciéndome responsable de mis acciones y de la manera correcta. Tener un hijo es un compromiso gigante y que te cambia la vida. No estaba de ninguna manera lista para tal cosa. Al hablar con mi hermana me enteré por primera vez que ella y mi madre se habían hecho abortos. También tuve mucha suerte de que mi novio era una persona amable y que me brindó todo el apoyo en la decisión de tener el bebé y luego de terminar el embarazo.

Me hubiese gustado no tener que hacerme un aborto, pero estoy agradecida por haber tenido la oportunidad de hacerlo. Ambas decisiones de tener o de no tener un bebé son difíciles, ninguna debe tomarse a la ligera. Las mujeres necesitan de apoyo de sus amigos, hermanas, madres, tías y compañeras sobre si es lo correcto para ellas. Me gustaría que no hubiese tal estigma al hablar de aborto o de hacerse un aborto.

 

Testimonio 2

No he hablado sobre mi aborto con nadie durante un largo tiempo y alguna vez solamente con mi mejor amiga y mi marido. No es que haya evitado hablar sobre esto; es que nunca encaja en ninguna conversación.

Mi esposo y yo habíamos decidido no tener hijos. Pero mientras tomaba unos medicamentos para un problema ginecológico y pensaba que no podía quedar embarazada, tuvimos sexo, no nos cuidamos y quedé embarazada. El medicamento estaba contraindicado para mujeres embarazadas ya que se sabía que causaba defectos de nacimiento. Por las dos decisiones que mencioné antes, decidí terminar con mi embarazo. Nunca tuvimos ningún tipo de dudas. No he extrañado al bebé que hubiese sido.

Me hice el aborto tan pronto como pude después de que me enteré de que estaba embarazada. Esto fue en la década de 1970. Fue fácil y dignificante realizarme el procedimiento. Desearía eso para todas las mujeres y niñas.

 

Testimonio 3

Mi nombre es Stefanie. Tengo 51 años de edad, soy ministro, casada con tres hijastros, y me he hecho dos abortos: uno a la edad de 18 y otro a los 21. Ambos embarazos fueron el resultado de violaciones.

En ambas circunstancias tenía tanta negación sobre lo que había sucedido y sobre la posibilidad de embarazo que no busqué ayuda médica o apoyo hasta que ya era demasiado tarde para tomar una decisión sobre lo que le estaba sucediendo a mi cuerpo y a mi vida. Opté por el aborto en lugar del suicidio. Dos veces. Esas fueron las dos decisiones más difíciles que tuve que tomar en mi vida.

Los conmemoro cada año con tristeza, pero también con una tremenda gratitud por haber tenido la libertad de tomar esas decisiones por mí misma, y por haber tenido acceso a atención médica segura, no moralizadora e imparcial. No quiero que nadie tenga que pasar por lo que tuve que pasar. Pero quiero que todas las mujeres tengan la libertad de tomar sus propias decisiones sobre cualquier cosa que afecte a sus cuerpos.

 

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